Crítica, por Andrés Ruiz Tarazona

Atención Alfonso Romero

Arsis dedica un monográfico a la producción orquestal del compositor bilbaíno

El acervo de la música española contemporánea comienza a superar, en ´número y calidad, al de cualquier otra etapa anterior. Puede casi equipararse a momentos glorioso como fueron los años centrales y finales del siglo XVI. Y además resulta fácilmente comprobable a través de la ya muy abundante discografía de autores emergentes en las últimas tres o cuatro décadas.

Ahora aparece en el mercado un nuevo disco, esta vez dedicado al compositor bilbaíno Alfonso Romero Asenjo (1957), un nombre que no suena demasiado en nuestros medios, si bien ostenta una carrera llena de premios y distinciones que avalan su categoría y la buena acogida de sus composiciones, enmarcadas en géneros tradicionales dentro del campo sinfónico y en el de cámara. Es autor de tres sinfonías, un concierto para dos violines y orquesta, otro para violonchelo y orquesta, y tres para piano y orquesta; un trío con piano y diversas obras para piano solo.

El CD que ahora presenta Arsis recoge tres extensas composiciones de Alfonso Romero: dos grandes piezas para orquesta: el poema sinfónico Char, revisión del autor de una de sus primeras obras orquestales, el Concierto nº3 para piano y orquesta, con la pianista Ana Guijarro de solista, y la Sinfornía nº1, del año 1999, subtitulada entonces Anzur, aunque el presente disco no lo señale. Resulta curioso que Romero no haya preferido la Sinfonía nº2, Dirdamm anacíclico de Madrid, con la cual obtuvo el primer premio del Concurso de Composición convocado en 2001 por Unión Fenosa.

Dice Romero que su obra quiere estar abierta a cualquier tendencia, sin adscripción a vanguardia alguna. Sus planteamientos son heterogéneos y por tanto eclécticos. Considera bello todo lo que se hace por encima o más allá de doctrinas y modas. Y esto explica, mejor que cualquier reflexión sobre ellos, la estética y los objetivos de Romero. Si en Char (que en francés significa carro y en inglés cosas tan diferentes como chamuscar y asistenta) despliega una serie de procedimientos y efector atrevidos y modernos, en el Concierto y en la Sinfonía, especialmente en la obra concertante, se muestra más conservador y se ajusta a los cánones posrománticos.

La Sinfonía mantiene una fuerza interior y a veces una delicadeza de buena mano y el Tercer concierto, basado (como la Séptima Sinfonía de Illarramendi) en un breve motivo inicial, logra una obra que puede competir, sin desdoro, con otras importantes del género en la etapa tardorromántica europea, americana e incluso asiática. Ayuda mucho a disfrutar de su escucha la solista Ana Guijarro que, una vez más, nos obliga a preguntar: ¿por qué artistas de su talla no aparecen en los ciclos pianísticos más prestigiosos? ¿No deberíamos escucharla con más frecuencia como solista con nuestras orquestas? Aquí, arropada por la brillante London Symphony, dirigida por la estadounidense Jeff Schindler, no sólo deja constancia de su capacidad expresiva, sino de una sensibilidad excepcional, que se hace muy evidente en el Lento, acaso lo más llamativo y hondo de un disco que se deja oír sin un momento de desconexión o cansancio. 

Por Andrés Ruiz Tarazona

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